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Autonecrología

Tratado sobre mi muerte. De las palabras que se leen de noche.

Las oportunidades


Desde un punto de vista general, de manera escueta definiría a las oportunidades como sucesos que pueden ayudar
a lograr beneficios tangibles y prontos, las cuales deben ser vistas y tomadas en cuenta sin pensarlo tanto,  ya que tienen un
bajo grado de probabilidad de ocurrencia, el cual disminuye todavía más con cada vez que surgen en un punto
específico pero prácticamente aleatorio y que podrían ser aprovechadas por alguien más con el suficiente valor y decisión.

Por supuesto que la definición anterior no fue obtenida de alguna edición discontinuada de la RAE o algo parecido,
es más bien una perspectiva del que escribe ante algo que  se vive tarde o temprano (Y que bueno que así sea).
Lo anterior viene al caso, porque hay oportunidades que por su naturaleza y por los beneficios a mediano y largo plazo
que claramente pueden desencadenar, deben ser asimiladas con prontitud, siempre con la finalidad de mejorar.

Las oportunidades son algo escaso en estos días, buscarlas puede ser el objetivo de muchas personas que al
momento de levantarse  y al tiempo de persignarse (o postrarse con dirección a la Meca o cantar gospel o cualquier
fe que profecen) imploran con fervor, yo mismo me he encontrado encomendándome a mis dioses de cabecera
(que son los mismos de mis ancestros Mexica) y solicitándoles esos tan ansiados favores para mi beneficio.

Muchos vivimos buscándolas, sin embargo cuando éstas se presentan a veces nos encuentran en momentos ciegos,
nos encuentran dormidos o quizás preocupados por tantas circunstancias vanales que ni siquiera valen la pena
y simplemente las oportunidades se van. A veces, cuando no estamos de necios, las vemos claramente, las palpamos,
y ahi no acaba todo, más bien empieza el verdadero reto de aceptar el beneficio y al mismo tiempo, la responsabilidad.

Hoy, las oportunidades son como ganar un premio (no tan insignificante) en la lotería, son un motivo para estar contentos,
quizás algo para festejar con un suspiro sincero, con una sonrisa de satisfacción, con una postura corporal relajada.
En este mismo momento estoy viviendo una oportunidad y esperando que suceda otra, teniendo fervientemente en la mente
para una, el poder tener la capacidad de aprovecharla y para la otra el que la vida no haga temblar de nuevo mi estabilidad.

Tengo la firme convicción de que todos debemos aprender antes de que sea demasiado tarde para echarse hacia atrás,
y aquí, en este punto específico de mis días en la tierra, experimento una terrible ansiedad porque todo lo malo pase, solo eso.
Algo me está enseñando la vida, algo que no debo ignorar, no de nuevo, quiero mis energías y mi tranquilidad de vuelta,
quiero, ruego por otra oportundad, que aún ciego, aún ocupado en cosas vanales, me aferraré a ella con infinio apego.

Espectativas de fin de año


De entre las once caras que me he conocido este año,
esta temporada ya solo me queda para reutilizar la de hipócrita,
lo digo con un tono de fortuna y de alegría, desgraciadamente,
eso nunca ha sido la mejor solución, si es que puede llamarse así,
eso ha sido la batalla constante de la que he hablado con sangre,
la que me ha costado noches completas, pesadillas tan elaboradas,
escenarios tan displicentes y un fantasma tan mío, tan conocido
que ya ni temerle vale la pena, que ha hecho que mis malos sueños
sean menos que eso, solo una jugarreta infantil que intenta asustarme,
pero lo digo con gusto, porque al menos hoy aún tengo cara.

Debería ser de vergüenza el único semblante que tuviera,
porque a través de los días absurdos he tenido que emitir disculpas
como expendedor de arrepentimientos, porque es verdad que todo duele,
que aunque estamos tan dispuestos a tener más caras con el mundo
solo guardamos la de aburrimiento para el enemigo de cabecera,
porque ya no hay emoción, se le da poca importancia, menos aún.
Mi cara solo denota cansancio, del que si pesa, no del que me hace
pensar y ser creativo, sino del que me hace creer que todo se hunde,
que no soy capaz de mantener el barco a flote, que todo daña,
lo malo es que es cierto, lo peor, es que no se qué tanto.

A veces, como cada día, solo quisiera poder llegar a unos brazos,
pero que en lugar de descargar todo el cansancio de un día saturado,
se unieran fuerzas, se transfirieran ánimos, se compartiera paz,
pero no vivimos en un cuento de hadas, aunque duela no ser héroe,
ni príncipe, ni lo que otros esperan, ni siquiera lo que yo mismo espero,
somos solo murallas, defensores de nuestras propias doctrinas.
Estoy cansado, cansado como para no querer abrir los ojos esta vez,
como para querer seguir regalando solo silencios, todos los silencios
y más carcajadas que en el espiritual día de intercambio de calzones navideños,
más que los días de borrachera festejando el nacimiento del creador.

Vamos a olvidarlo todo y que los días de fin de año vengan a nosotros.

Lo que somos, lo que damos


En algunas noches, las suficientes en el mes como para llamarlas comunes, somos insoportables,
tanto como para aborrecer los momentos, como para que de pronto la mente se vuelva fatal
y piense y construya un mundo alterno en el que siempre solo uno surge vencedor indiscutible,
en que no escuchamos, ni vemos, ni nos importa, solo añoramos fervientemente lo que no tenemos,
las carencias de pronto se vuelven tan deslumbrantes y quisiéramos escapar, lejos, a gritos.

Buscamos pretextos, solo eso, los suficientes para no dormir, para convertir los días en látigos,
para ver más verde aún el césped de la izquierda y buscamos refugio, yo como un prospecto
de amargado, como aquel loco que escoge las palabras adecuadas para matar, sin más armas,
como una serpiente puesta entre tus sábanas que sabe esperar, que sabe aguardar atenta,
cuando no soy más que el mismo, el lento, el ilusionado, el que sabía querer, el que lo olvidó.

Entre las pesadillas diarias me he visto preguntándome la longitud del amor, el peso del amor,
el amor mide proporcional a la longitud de todas las neuronas juntas y pesa según el corazón,
lo único cierto es que después de los gritos, más allá de las riñas después de la merienda diaria,
el amor parece la mitad de mi estatura y más delgado que las ramas otoñales, decaído, absurdo,
el amor no es la lucha constante por vencer, sino la disposición plena de no tener que competir.

En nuestra naturaleza, tu de Venus, yo de Marte, está el vernos como perfectos desconocidos,
el parecer dos niños defendiendo nuestros charcos de lodo, alertas de cualquier invasor extraño,
pero tú y yo no somos los únicos, quizás eso reconforta, al menos a aquellos que temen la soledad,
en el instante en que intentas desaparecer, me convierto en el que desea nunca haberte conocido,
no por ti, tú que eres Flor y punto, sino yo, que soy el hombre que muy a tu pesar, existe.

Y ahora, ¿Cómo ser feliz si cada cosa, cada mueca, cada sentimiento es hoguera inquisidora?
Si todo instante, segundos y horas, se han transformado en gotas de veneno cayendo asesinas,
si ya no se puede hablar, si no se puede dormir, si la esperanza necia es mi única salvación,
si no puedo estornudar sin reprochar, si no puedo mirar sin juzgar, si no puedo pedir ni dar,
lejos de lo malo que soy y de lo buena que eres, ¿Acaso merezco seguir respirando de tu aire?

Entre la locura, entre una confusión interminable que esta noche me ha dejado moribundo,
teniendo como premio a mi estupidez el que hallas desaparecido y ni siquiera me dirijas tus gritos,
sabiendo que no soy más que el que no te merece, el que por cuarto año existe para tu mal,
temiendo que mi desastrosa gula por pedir y pedir te halla hecho odiarme peor que a ti misma,
previo a la navidad, al advenimiento anual, te regalo la parte sana de mi corazón y todos mis silencios.

Con amor.

Letras y aires viejos


Aún conservo mi libreta azul, ya cumplió nueve años, cuántas cosas se han escrito ahí,
más de una tercera parte de mi vida y aún reconozco las letras, hoy las saqué a tomar aire,
aire del bueno, del que no se encuentra en la ciudad, ni en los lugares con mucha luz,
leí las hojas, ya no son blancas, sino amarillentas y sucias, me reconocieron al instante,
porque soy aquel que las puso en libertad, uno más como los aburridos que escriben,
uno menos como los que solo ven pasar la vida, estoy escribiendo mi historia aquí.

Pero no solo aquí, sino en el aire, en los pasos que dejo como prueba de mi existencia,
en las olas que he visto, en los árboles que me han amenazado y en las nubes,
pero solo a las que les he puesto nombre, nombres de mujeres, nombres de musas,
todo eso es mi historia para editar el libro que me llevaré a la segunda vida
o la tercera o a la que indique la religión que al final resulte estar en lo correcto,
aquí no lo sé, aquí sé que la vida es una y se va, pero se va no como los confundidos.

La vida se va para siempre, me he descubierto temeroso viendo pasar los días,
viendo como mi alrededor envenjece, sintiendo la impotencia de no ser un super héroe,
de haber perdido esa habilidad que tenía de detener el tiempo para hacer travesuras
o de regresarlo a un punto del que ahora puedo decir que me arrepiento por cobarde,
todo me persigue, ojalá las cosas pudieran borrarse y ya, volver a empezar,
saber en qué punto cometerás el error más grande de tu historia y evitarlo.

La libreta azul sabe de eso y no tiene la menor vergüenza, se ríe entre palabras,
cuando entre letras yo recuerdo haber escrito algunas tristezas y mucha ansiedad,
pero olvidé escribirlas con tinta indeleble y ahora ha resultado ser un ventaja,
hay hojas que debo quemar por salud, palabras que nunca dije, cosas que no pasaron,
momentos que solo fueron pesadillas, que solo están atrás, en el baúl de los olvidos
y aunque me parezca mentira, si hablara dormido sería lo primero en gritar.

Mi soledad es un buen escondite, soy de las sombras de esta noche sin estrellas
y entre burlas, entre carcajadas, tan ciertas como mi cordura, me cantan,
pregonan que no olvide que debo mantenerme en silencio y con precaución,
que al tiempo que quemo las palabras escritas, queme también un poco de mi fe,
que tenga presente siempre que hay cosas que duran más que las hojas amarillentas,
más que las libretas azules, más que la propia existencia y el arrepentimiento.

Pronto iré al mar, dicen los arriesgados que no hay mejor tumba que esas aguas,
aunque bajo mi experiencia siempre me ha resultado un poco contraproducente,
en el mar se encuentra la inspiración gracias a buenas musas y a inigualables sirenas,
pero solo bastará con cerrar un poco los ojos y desprenderse, dejarse llevar por las olas,
convertirse un pez, en cangrejo, en algo que no respire de este aire, ni del de la ciudad
ni el de lugares con mucha luz, sino de aquel que de una vez por todas, ayude a olvidar.


Habana y nada más


La vieja Habana, la reconozco como un sueño, quizás como un recién enamorado,
como aquel que no tiene idea de la burbuja, del proceso de enamoramiento,
estoy en el punto en que la veo eterna, tan clara, tan cercana, tan irreal,
hoy por la mañana en lugar de tomar el camino que me lleva a mi área laboral,
estuve tentado a manejar hacia el mar y ahí, al filo de la tierra, gritar mis añoranzas.

"... Me recuerdas el prado de los soñadores"

Hay motivos que hacen que uno se despierte cada mañana con un objetivo,
el mío es la Habana, hoy y algunos días anteriores (¿Meses?).
Ya es más que un capricho, más que necedad, es algo irreconciliable.
Me he descubierto buscando motivos suficientes para solo largarme,
sin más, solo irme a buscar ese Sol, me he descubierto siendo un niño.

"... Me recuerdas las calles de la Habana vieja"

¿Qué se puede decir de la Habana, de Cuba misma?
¿Qué puedo decir yo estando afuera, viviendo un sueño de mentiras?
Nadie puede decir nada por ellas, sino ellas mismas.
ellas cuentan su historia, sus amores, sus desdichas.
La Habana es un escape en el tiempo, una fotografía en blanco y negro.

"Me recuerdas el mundo de un adolescente..."

Siguiendo la moda, hoy me declaro inquieto, insatisfecho e inconforme
con todo lo que me rodea, renegaré de cada día, de cada hora,
de cada movimiento, quiero disfrutar de mi ya inevitable caos,
sé cual es mi medicina, sé cual es la solución que me traerá paz,
hoy y quizás de hoy en adelante, soñaré con la Habana y nada más.

"Amor a la Habana... Amor a la Habana."

Del destino


Todos nacemos por algo, algunos se atreven a decir que por error,
otros, como yo, nacemos por fortuna, pero quizás lo más dificil no es nacer,
sino sobrevivir, primero en las manos de nuestros padres, después solos,
el destino es una gran conjetura, un cúmulo de inexactitudes, peor que moneda al viento.

Sin embargo, el destino es algo más ordenado que el azar o la suerte,
aunque menos piadoso que el dios que todos presumimos, más frio,
y no solo eso, también más aristotélico, obedece a extrañas fluctuaciones del Éter,
porque en alguna realidad o universo paralelo, la quinta esencia existe.

De cualquier manera, el destino es un absurdo, aunque nos cueste,
es bueno para hacer películas taquilleras y excelente para asustar,
sin duda nos encanta huir de él, pensar que podemos burlarlo,
pensar que existe y que no existe, pero el destino son estas palabras.

Y todos y cada uno de nuestros pasos, y también los que no damos,
porque el destino ha tenido a bien estudiar todas las alternativas,
sabe lo que haremos y quisieramos que no susurrarra un poco de eso,
a veces es egoista, se deja ver solo cuando sucede lo planeado, casi siempre.

Pero hay quienes cuentan haberlo visto, hay quienes lo han tocado,
yo soy uno de esos locos, entre las doce y las dos de la mañana estuvo aquí,
quizás equivocadamente pensó encontrarme dormido, mas no contaba con mis males,
el destino se distrajo y se dejó ver por mí y no solo eso.

De pronto supe lo que pasaría al día siguiente, exactamente, minuto a minuto,
tal vez la única sorpresa fue esa ave que entró a mi cuarto y no podía salir,
y aunque tuve el poder de cambiar mi día, de hacerlo mejor, de superarlo,
no lo hice, como muchos que lo vimos anoche, al menos los despiertos.

Quizás de allí venga el temor que le tenemos, somos peresosos,
hemos aprendido a convivir y a conocer nuestro destino, pero nada más,
se muestra ante nosotros, pero no sabe que estamos mal de la vista,
unos con infecciones en los ojos, otros cerca de la ceguera,  es lo mismo.

Hay quienes cuentan haberlo visto y ellos mismos dicen que no sirve de nada.
Yo también soy uno de ellos, afotunada o desafortunadamente.
Que lo diga el destino.

Nada por hablar


... Mucho por escribir.

De nuevo, compruebo que escribir es un regalo del dios más piadoso,
es como una salida mágica de los nudos internos, de las batallas reprimidas.
Me hallo con la mente llena, con las manos y los ojos cansados,
con el cuerpo en general dispuesto a no moverse, conmigo mismo casi derrotado.

Es bueno saber que he sobrevivido, después del tiempo y del esfuerzo,
es bueno también saber que el mundo no se detiene, que sigue adelante
y conmigo a su lado, que nos estamos convirtiendo en buenos compañeros,
aunque queda más, pero mañana, hoy solo queda dormir y parar las ideas.

Han sido días complejos por todos lados, noches enredadas, 
aquellas que aunque el cuerpo ya no responda los ojos continúan abiertos,
es algo como una maldición, un castigo divino o un simple y maldito insomnio,
y aún así, no se por qué, últimamente he amanecido sonriendo.

Quizás porque me conozco a mi mismo y eso me da alegría,
que aunque las personas me pongan mala cara, mal carácter, por otro lado
se saben contentas, se saben satisfechas y con muchos ánimos
para con los demás, pero no con Tomás, el extraño.

Pero es lo de siempre, ya no me causa sorpresa, más bien costumbre,
hoy voy a acostarme con una rara sensación de que todo está bien,
de que nadie le está dando gusto a nadie y todos se resisten por satisfacción personal,
que el mundo sigue, que para los próximos días hay planes, al menos de amanecer.

No quisiera ser víctima ni victimario, soy solo el mismo de siempre,
el escritor aficionado, el trovador empedernido, el cantante,
el que no escucha, el que tira a matar, el que no sabe querer,
un simple humano, un punto en el universo hecho solo para los demás.

Y después de todo quedan ganas, queda la esperanza, los años de historia, 
la vida por delante, quedo yo, pero no el que asusta ni el que hiere,
sino el que confía que las estupideces son vanales y no dañan,
el que confía en volver a ser el mismo de ayer, el soñador...

Pero la confianza tampoco lo es todo. Y eso me persigue.

Más allá del cansancio...


... queda la satisfacción de volver a los orígenes, a las madrugadas, al insomnio,
y veo que aún soy lo suficientemente joven como para no quejarme mucho de eso
y lo suficientemente viejo como para no quedarme sin quehacer hasta el amanecer.
Es parte del afán de construir cosas, de volverte un artesano, pero ya no del barro,
ya no de la arcilla, sino de algo cuya materia prima no existe en estricto sentido,
cuya herramienta son mis propias manos y mi capacidad de conectar neuronas.

Es cansancio, sin duda, lo que hace que el mundo bruscamente me arrebate del suelo,
pero no es cansancio de hartazgo, ni por tedio, es más una gratificación que le pesa
a mis ojos, que les duele por partes, es cansancio, pero del benigno.

Y Aquí me hallo, a un lado de mi mundo, de lo que me hace feliz, música y atrás silencio.
Alma, cerebro, corazón y yo, un gran equipo que sabe golpear cuando es necesario,
que sabe agradecer cuando corresponde, que sabe cantar, que sabe pensar.

Como un suspiro, como un enjambre de avispas, algo como la matemática infinita,
Más alla del absurdo agotamiento mundano, existe vida y un sentido agudo que escucha
atentamente los latidos de un corazón ávido de conocer un poco más de los "¿Por qué?".

Hoy soy únicamente de mí, de mis propias y profundas necesidades,
no tengo ni me tienen, solo existo como parte del orden irremediable y cotidiano,
pero caótico y fractal, puedo llamarme sin tapujos "El Atractor",
como un suspiro, como un enjambre de avispas, algo como la matemática infinita.

No me importa mucho qué suceda lo que resta de hoy, solo sé que me tengo.

La vida no sólo es una serie.


Quizás la distinción de los escritos como una Serie, más allá de tener el sentido de organización,
producen una obligación interna a seguir escribiendo sobre lo mismo, a limitar la creatividad,
que de por si no es mucha. Los minutos, las horas, los días son un cúmulo de subidas y bajadas,
diversos colores y sabores, hoy puedo llamarme Pedro, mañana Piedra, todo está en constante cambio.

En constante cambio están los sentimientos y el sentido de la ubicación emocional, por una parte
es negro, sin un fondo específico que se vislumbre como una caída fatal, que te descalabre de una vez,
sin dudas, de un tajo, con el mejor de sus movimientos, por el otro lado, es suave, pero aún infinito,
inalcanzable. Lo único cierto es que mi interior es una perfecta revolución, una combinación de lo
mejor y de lo peor de mí, una lucha encarnizada que cada día se debate su propia existencia.

Quisiera largarme de muchos lugares.

Pero tampoco es para tanto, el punto es que todos nos separamos un poco del camino que soñamos,
por algo, por alguien. Más allá de eso, que es inevitable, habría que analizar si lo vale.

Volviendo al título, ahora que lo pienso, mi falta de creatividad es obvia desde que ni siquiera
quería cansarme buscando un nombre único a cada escrito, y eso, sin duda me haría un pésimo escritor,
no entendería que el título es lo que vende, lo que hace que la gente se interese, como tu propia cara,
como tus propias facciones, como los propios defectos. Hoy, mi intención y promesa es buscarle
nombres llamativos a las cosas que escriba, algo como: El Minuto Inexistente Después del Siguiente,
El Suspiro Ineludible del Universo Paralelo. O mejor, que me siga importando un diantre, más fácil.

Al menos hoy, es que considero importante no volver a escribir una Serie si no merece la pena
catalogarla, que al fin y al cabo sólo un distraído, un desocupado y yo, leeremos estas letras.
Y yo, dudo volver a leerlas, solo en mis tiempos de absurda melancolía y de estúpida reflexión.

Que así sea.

De la Serie: Reconciliaciones

--
Dedicado al miércoles.
Octubre, 28. 2009.
--

Es esa extraña sensación en el pecho lo que no me deja dormir,
y digo extraña no porque no la conozca, sino porque no es mía,
después de la reflexión, de desconocer a mis propias manos,
ya no queda más, solo cenizas, solo un canto desesperado.

Me conozco y se que estoy lejos de ser un ejemplo de vida,
sé que mi camino no es el mejor ni el único, que es solo mío,
que el mundo exige más de lo que uno siempre será capaz de dar,
es simple, tengo que dejarle de hacer caso al mundo.

Con la mejor intención despierto, me visto de ganas por hacer el día,
por no convertirlo en un manojo de reclamos, de faltas.
Algunas ocasiones el día es agradecido y sonrie,
otras conspira y duele, duele como si valiera la pena.

Hoy miércoles ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Eso y todo lo contrario,
alguien, creo firmemente, inyectó veneno en cada uno de mis pasos
y ahora solo sirver para matar ilusiones, para desviar caminos,
para convertirme en el que falla, en el que tiene mucho por dar.

Es triste, recuerdo haber sabido escribir sobre el amor,
recuerdo haber podido estar completamente solo, sin pena,
todos añoramos algo del pasado en algún momento presente,
todos creemos que al vecino hoy y siempre le ha ido mejor.

Me añoro a mi mismo, a mis defectos  y mis métodos de solución,
reclamo por mis ansias de vivir eternamente, de respirar tranquilo,
de mi armonía fractal, de mis tardes con olor a café, pero café del bueno,
Lo añoro y eso es el mejor signo de mi ceguera.

Hoy, y desde hace algunos años, tengo algo mejor, al menos eso creo,
tengo el ánimo de construir las cosas con cuatro manos,
de que yo no sea el único que entienda mi absurdo cerebro,
es mucho pedir, la ceguera a veces es necesaria.

Quisiera poder engañar sin remordimientos, como los niños,
dejar de intentar entender la mecanica social,
solo cerrar los ojos y ser perfecto para todo aquel que lo exija,
pero al mismo tiempo ser tan imperfecto como para no darle gusto a nadie.

No romperse más la cabeza, el mundo cambia, avanza, muta,
se modifica en cada uno de nuestros movimientos, izquierdos o derechos,
el mundo, la vida, por si solos son justos, son como una pareja...
tan suficientemente imperfectos como para quererse.

Más allá de los sueños inescrutables, de las pesadillas prematuras,
de los capicúos latidos del corazón, de la ignominia de moda,
de la bendita depresión y de la absurda sensación de triunfo,
queda la gota constante de esperanza que nos hace despertar cada día...

... como hoy.


--
Dedicado a los hipócritas
Octubre, 27. 2009.
--

Es un hecho, nos gusta adoctrinar a los demás,
nos gusta robar las palabras de la boca de otros,
quizás lo peor no sea eso, sino hacernos los ofendidos
cuando esas palabras nos las dirigen a nosotros mismos,
quizás no son las palabras, es la persona.

Es algo macabro, sin duda puede demostrar hartazgo
o un afán ilógico de querer imponer nuestra postura
con un absoluto no, con gritos, con desacuerdos.
¿Y qué hay cuando nosotros nos convertimos en los
que decimos eso a alguien más?

Duele un poco, duele más porque eso es ser hipócrita,
pero no como el hipócrita que lo es por sobrevivir en el caos diario,
ni como el hipócrita que le dice a sus hijos que todo está bien y miente,
sino del tipo que hiere, del tipo que no tiene identidad,
del que desea verse interesante ante los peores que él mismo.

Por mi parte, debo saber cuidar mi boca de la gente,
me he visto gastar saliva por litros, gritar a los cuatro vientos
quién soy, quién quiero ser, ¡buscando cómplices! Basura.
Obtengo la mayoría de las veces sonrisas peores que las patadas,
silencios más largos que mis noches, gritos más fuertes que el terror.

Debo aprender tantas cosas, a ponerle Copyright a mi tono,
a mi canto de inconformidad por el sistema que nos gobierna,
el que nos dice en qué Dios creer, al que nos dice cómo pensar.
Hay espías, a veces los espías duermen en tu misma cama,
o mínimo, respiran de tu propio aire.

Bien lo he dicho, somos hipócritas, más cuando nos conviene,
cuando con robar ideas 'apoyamos' a los desvalidos y a los idiotas.
Hay que cuidar a quién decimos nuestras teorías de conspiración.
Más allá de la crisis, más allá de los impuestos,
ojalá hubiera becas para que todos pudieran comprarse un cerebro.

Ya aprendí a tener menos lástima de los que no están listos para la vida,
que si te corrieron por inútil, que si perdiste por lento
o que si no eres capaz de hablar en voz alta, peor para ti.
Pero hay a quienes les causarás ternura y esos, muchas veces,
te dirán ideas compradas, ideas que ellos mismos aparentan no creer.

A los hipócritas se les combate con la misma moneda.
Si te sonríen, sonríe, si cantan, canta, si lloran, no les creas.
Yo sólo quiero y puedo confiar en mi propia sombra.
Así como el amor, así como la ilusión, así como el fuego,
las ganas de hablar se acaban, por suerte las de escribir, se renuevan.


--
Dedicado a la sinapsis eléctrica
Octubre, 26. 2009.
--


En ocasiones no hacen falta más que dos palabras,
más que una historia, más que un fracaso.
Nosotros, los hombres, los humanos, somos tercos,
en nuestra naturaleza está querer ser protagonistas,
querer tener, sin dar, vivir felices, sin propiciar lo mismo.

Somos egoístas, llenos de defectos, de traumas inescrutables,
de deseos reprimidos, de mentiras, de verdades.
Somos tanto de lo malo, mucho de lo peor.
Cuesta entender, la mayoría de las veces que más allá
de las inconformidades vanales, queda la paz.

Pero no la paz con los extraños, no la paz con los terceros,
más bien esa paz que puebla el interior de cada uno.
Ser feliz con los dos pares de zapatos, con los tres suéteres,
con los cinco minutos de absoluta soledad, de completo silencio.
Paz, no como la del recién nacido, sino como la del recién difunto.

Irónico con mis verdades, desastroso con mis deseos,
estoy lejos de ser el héroe que alguien puede esperar y merecer,
el héroe que yo mismo espero ser, aunque duela verse,
más no es el fin del mundo, ni el fin de mis acciones,
lo cierto es que no se puede ser héroe para todos.

Quisiera encontrar un modo de ya no seguir buscando,
de confiar en la palabra, de olvidar rencores y promesas,
la vida sigue, el tiempo igual, el fruto está por madurar,
ahora quiero ser más como el viento, más como la nube,
más como el de mis sueños, menos como el de mi realidad.

Lo peor de nosotros mismos es cuando fracasamos a propósito,
cuando a pesar de la historia, de los 4 billones de ocasiones
en que los humanos hemos fallado en lo mismo,
fallamos de nuevo, y otra vez, y una más por no dejar.
¿Que sómos? Un manojo de inexactitud, un racimo de olvido.

Hay mucho que entender, la vida no da las cosas gratis,
tenemos los recursos mínimos necesarios,
al menos, todos sin distinción, tenemos cabeza
y eso hoy lo estoy viendo como una gran ganancia,
solo falta saberla sostener, saberla girar al lugar correcto.

Palabras más, palabras menos,
el eco es el único testigo de los gestos entre líneas,
por segundos el destino existe y conspira en nuestro favor.
Mi cerebro es un lugar muy peligroso en este instante,
favor de mantener una distancia prudente, solo por precaución.


--
Dedicado a la conciencia
Octubre, 23. 2009.
--

La oscuridad es buena compañera, excelente diría yo,
dentro del pequeño espacio de las sombras se caen las máscaras,
plastas pesadas, inútiles, que por comunión se tienen que cargar.

En la oscuridad soy yo, absolutamente nadie más,
no es ni el que desea cambiar al mundo, ni el que el mundo desea que cambie,
me vuelvo parte del silencio, mas no parte de la nada, sino parte de lo que solo existe.

Y sucede de pronto que todo es posible, así, con magia,
las cosas se vuelven simples, las soluciones gritan llamando la atención,
los sueños... lo siguen siendo, pero ahora soy parte de ellos.

Aparece la mujer de espaldas, aquella vestida con su piel de gala,
la gaviota extraviada, las nubes en forma de elefante,
las estrellas dicen su nombre y yo, me convierto en un ser feliz.

Feliz, tan feliz como el asombroso negro de la noche,
como aquel día en que vi mi primera estrella fugaz, tan lánguida,
como cuando hablé sin juez, sin ejecutor, sin inquisidor.

¿Pero qué es la felicidad? Qué importa...
Mi felicidad es tener lo que me tardo en conseguir en más de
dos sonrisas, tres fiestas y dos aplausos.

Mi felicidad es escribir, pero escribir sin tapujos que amo la noche,
que estoy harto de formar parte de la estrafalaria cotidianeidad,
de la lucha encarnizada por ser simple, por ser uno más.

Gritar, sonreir por acordame del pasado, de los secretos,
de decirlos en voz alta, quitarme el vestuario del que
tiene que darle gusto a los afortunados, eso también es felicidad.

La noche es vuelta de hoja, es renacer, me reconcilio con mis sombras,
las que saben decir mi nombre, y hoy ya no es cuestión de felicidad ni de tristeza,
es solo existir, no escuchando, no viendo, no sintiendo.

Siendo noche, siendo oscuridad.


 

Moreno Plaza Tomás

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En primera, Soy. Después de eso puedo asegurarles que me gusta el flan y la metafisica, la astronomía y me encantan las matematicas, me gusta leer hasta tarde sobre cualquier cosa que me inquiete saber. Me gusta observar y pensar, creo que es un vicio ¬¬
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